Adiós a la Novia de México: la gran Vera Caslavska

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Vera Caslavska

por: Carlos Tamayo

La memoria deportiva de nuestro país está de luto tras darse a conocer la muerte de uno de los íconos de los Juegos Olímpicos de México 1968, la gimnasta checoslovaca Vera Caslavska.

Víctima de cáncer, la originaria de Praga dejó marcada una profunda huella en el colectivo nacional, que tuvo el honor de apreciar su virtuosismo en la Gimnasia en las instalaciones del Auditorio Nacional, acondicionado para la justa mundial.

En una época donde la maquinaria publicitaria aun no desarrollaba a los atletas como productos de mercadotecnia, la hermosa gimnasta llegó a nuestro país precedida de la gloria olímpica obtenida cuatro años atrás en Tokio, donde cosechó tres preseas doradas y una de plata.

Pero fue en México donde la europea se consagró como la mejor gimnasta de su generación, al conquistar cuatro metales dorados y dos más de plata. Vera además se apoderó del corazón del público al ganar una de sus preseas áureas en la rutina de piso, con una ejecución magistral bajo los acordes del Jarabe Tapatío, enloqueciendo a los ahí presentes quienes se entregaron en cuerpo y alma ante los pies de la menuda reina.

Previo a la clausura de los Juegos Olímpicos del 68, Vera Caslavska contrajo nupcias con su compatriota Josef Odlozil, teniendo como escenario la Catedral Metropolitana, ceremonia a la cual acudieron alrededor de 100 mil personas, casi en su totalidad entusiastas seguidores de Vera, quien desde ese momento acuñó el nombramiento de: La Novia de México.

México fue para Vera Caslavska el lugar donde encontró la gloria, pero también donde se generó una persecución política que la llevó durante décadas al exilio, las burlas y la denostación por parte del régimen soviético, que vio en la protesta silenciosa de la atleta el pretexto idóneo para acallar su voz crítica ante la ocupación socialista de la entonces Checoslovaquia.

En el pódium de México 68, Vera Caslavska agachó la cabeza mientras se entonaba el himno de la Unión Soviética. La respuesta de las autoridades soviéticas fue implacable al ordenar su marginación de competencias internacionales y de cualquier acto público, sentenciando a la bella flor a vivir en la oscuridad y el abandono de la gloria que por derecho le pertenecía.

El Gobierno Mexicano intervino en 1979, cuando el entonces Presidente José López Portillo solicitó un intercambio con su contraparte checa mediante el cual Vera Caslavska llegó a nuestro país para encabezar un proyecto de desarrollo de gimnastas, mientras que México se comprometió a exportar combustible a aquella nación.

En 1981, Vera regresó a su tierra y con actitud resuelta se dedicó enteramente a apoyar el proceso democratizador de Checoslovaquia, que vio sus primeros frutos con la caída del bloque socialista, que fortaleció al fenómeno independentista conocido como la Primavera de Praga, por medio del cual se crearon la República Checa y Eslovaquia.

"Yo toqué las cimas más altas y los abismos más profundos", dijo una emocionada Vera Caslavska durante la ceremonia de inducción al Salón de la Fama de la Gimnasia en 1998. Una gimnasta como pocas, precursora de generaciones de atletas que vieron en su ejemplo de constancia, trabajo y actitud las bases que los motivan a ser mejores deportistas, pero sobretodo mejores seres humanos.

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