La Esquina del Cerrajero: El Santo y yo

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Por El Mil Llaves

No sabía, ni me importa que El Santo en realidad se llamaba Rodolfo Guzmán Huerta, ni que fue un gran luchador técnico, sino que fue un héroe nacional que pasaba a visitarme cada mañana de sábado.

Él está ahí enfrente de mí, en la pantalla de mi televisión (los de la generación X refutamos decirle de otra forma al equipo receptor que recibe la señal de cadenas de televisión abierta nacional), somos entonces sólo él, mi taza de café y yo.

Pocos son los hombres que traen con su presencia una promesa: la de luchar contra todo lo que venga del reino del mal llámese zombis, brujas y espectros; o algún monstruo de la literatura clásica como Drácula y El Hombre Lobo; así como personajes que resaltan la cultura mexicana como las momias de Guanajuato y la infaltable Llorona, sin dejar a un lado a mis reinas Lorena y Teresa Velázquez como hermosas y seductoras vampiresas.

Entabla también cruentas batallas con lo más bajo, ruin, nefasto, indeseable y retorcido del planeta que son los criminales de carne y hueso, esas asquerosas sabandijas que tienen infinidad de adjetivos que nunca acabaría de enlistar.

Cada mañana que veo las noticias me pregunto: “¿no podrá Santo, nuestro invicto paladín sustentador del bien, ponerle fin a algo de lo malo que vivimos día a día?”

Porque si así fuera, pudiéramos armar la siguiente cartelera: “El Santo vs. el CJNG” o “El Santo vs. Los Huachicoleros “, en las que veríamos unas luchas a llaveo limpio como en todas sus películas con candados, patadas voladoras, filomenas, topes suicidas y rematando la inmortal “de a caballo”, Santo vencería a quien fuera de éste y otro mundo, y aún tendría tiempo de ir a la arena a deleitar al respetable que siempre entregado, acudiría puntual a la cita a aclamar a su héroe.

Ahí estaría el hombre detrás de la máscara de plata, dispuesto a dar su vida por la de cualquier bella damisela (no me consta si se relacionó con alguna), estaría ahí con su estatura promedio, su ancho pecho con sus piernas delgadas con botas y capa de héroe anónimo, ecuánime, irresistible, pero inalcanzable caballero, el cual sigue causando sensación en mi persona al grado que recuerdo una ocasión realice una visita a la bella capital cervantina que es Guanajuato y lo primero que hice en mi tour fue la obligada visita al panteon municipal para ver sus famosas momias, que en otra ocasión les contaré.

Por lo pronto, El Santo es y seguirá siendo un idolo ya que a veces el mexicano necesita escudarse en el anonimato para hacer frente a sus problemas, por eso se identifica con la lucha libre y sus mascaras, pero es mas cierto que se identifica con alguno de los dos bandos, rudos son pocos ya que la inmensa mayoria como técnico se une y brinda todo dia a dia en momentos de mayor necesidad...

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