Butaca Numerada: Sin Tenis no hay paraíso

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Juan Carlos Ferrero en el Monterrey Open (Foto Carlos Tamayo)

Por: El Reventador

 

Esta semana que descansamos de Futbol me encontré con la novedad de que el tenista regiomontano Daniel Garza dirá adiós al deporte profesional y de inmediato este humilde Reventador se preguntó ¿Daniel quién? ¿profesional de qué?

Y es que al hacer un repaso exhaustivo de mis apuntes reconozco no haber escuchado jamás sobre la existencia de un tenista profesional avecindado en la tierra del cabrito, por lo que me cuestioné si realmente existe un semillero de tenistas capaz de generar talentos a nivel del deporte de paga.

Nuevo León presume una gran afición al deporte blanco, tenemos instalaciones públicas de nivel aceptable en el Parque Niños Héroes, Ciudad Deportiva, la UANL y otros escenarios. Pero sobretodo tenemos espacios privados como el Club Sonoma, el Sierra Madre Tenis Club y el Deportivo Alpino Chipinque, capaces de albergar competencias de las giras WTA y ATP.

Desde el año 2009, el suelo regiomontano recibe el torneo Abierto Monterrey de la gira mundial de la WTA, por su vitrina han pasado jugadoras del calibre de la actual número uno del ranking, la alemana Angelique Kerber, por solo dar un botón de muestra de la calidad del certamen.

En caballeros, la gira ATP se ha presentado con torneos Challenger y de Leyendas, así como encuentros de exhibición que han lucido abarrotados por miles de fanáticos ávidos de disfrutar de un espectáculo deportivo al más alto nivel.

Pero el entusiasmo por el Tenis parece quedar en la práctica recreativa, ya que no existe un proyecto a corto y mediano plazo capaz de detectar, desarrollar e impulsar talento local ya no digamos para luchar entre las cincuenta mejores raquetas del mundo, sino por lo menos para ganar un mísero partido en los torneos que se efectúan en México.

Hace 53 años, la figura deportiva en nuestro país no corría 80 metros pateando una pelota, o festejaba metiendo un balón a una portería de siete metros de largo (vaya hazaña), el héroe mexicano vestía de blanco y utilizaba una raqueta de madera para conquistar las canchas de Nueva York, su nombre: Rafael "Pelón" Osuna.

Como si fueran regalos de los dioses del Tenis, el milagro se produjo una vez más bajo el nombre de Raúl Ramírez, para una década más tarde pasar la estafeta a Leonardo Lavalle.

A partir de ahí, la sequía de talentos se ha prolongado a grado tal de que nuestro glorioso equipo mexicano de Copa Davis se sitúa en el Grupo Dos de la Zona Americana, teniendo a Santiago Gonzalez (33 años), como su mayor exponente.

Desde 1993, la ciudad de Acapulco alberga uno de los torneos de Tenis más importantes de Latinoamérica. A pesar de su difusión y de que siempre muestra una gran asistencia, el Abierto Mexicano de Tenis no ha sido suficiente para detonar la generación de talentos que puedan rescatar a la disciplina del profundo agujero en la que se encuentra.

"Que traigan a Djokovic" dijo un colega de la zona numerada cuando le pregunté si acudiría al certamen en el Alpino Chipinque. Lejos de contestarle reflexioné sobre la conveniencia de la visita de "Nole" y por supuesto que sería estupenda, pero más allá dudo mucho que personalidades de su talla traigan bajo el brazo la fórmula para cambiar el panorama del Tenis en México.

En lugar de traer a Djokovic imploremos porque traigan a entrenadores, buscadores de talento, capitales, y todos aquellos que integran la estructura de los grandes productores de tenistas profesionales, para que ahora si no tengamos que llorar la partida de un ilustre desconocido.

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